30 marzo, 2021

José Herrera Gallego, presidente de Saturno

¿Qué destacarías de ser sardinero?

Para mí, y hablo en nombre de todos los miembros de mi grupo al cual represento y así me lo han hecho sentir, es la sensación que se siente ante la sonrisa, la ilusión y la reacción de los más pequeños. Ellos son nuestro objetivo y el motor que nos impulsa a trabajar y organizar todos los años nuestro Entierro de la Sardina. Otra cosa, no menos importante, es la sensación de hermandad con los compañeros, el ir todos a una aunque cada cual venga de ámbitos diferentes. En ese momento somos una familia en la que cada uno tiene su papel y se hace con una ilusión tremenda.

¿Cuánto tiempo tardáis en preparar las actividades que desarrolláis en la organización del Entierro de la Sardina? ¿Cuál es la actividad más significativa?

Una vez terminado el Entierro de la Sardina, dejamos pasar un tiempo prudencial de descanso, pero pronto comenzamos a vernos para el balance del año acabado. Allí, se analizan si se han cumplido las expectativas que todos teníamos y planteamos cuestiones o aspectos susceptibles de ser mejorados. No hay un tiempo fijado, sino que se va viendo poco a poco qué es lo que queremos perfeccionar y se exponen las mejores opciones. La más importante para nosotros y la que más tiempo requiere es la compra de juguetes y bisutería para regalar.

Además de la semana de fiestas, ¿vuestro grupo realiza algún otro tipo de actividad?

Hasta que se declaró la pandemia, nuestro grupo ha funcionado como una gran familia. Se hacían reuniones semanales o quincenales para tratar aspectos relacionados con la Sardina y por el gusto de vernos. En momentos puntuales, como Navidad, verano o el Bando de la Huerta siempre organizamos comidas y cenas de los integrantes con sus respectivos cónyuges. Así mismo, hemos tenido la suerte de disfrutar de algunos viajes fuera de España que han sido inolvidables.

¿Cuál es tu mejor anécdota? ¿Recuerdas algún momento favorito que te haya ocurrido como sardinero?

Bueno, anécdotas hay muchas, unas graciosas y otras no tanto. Por ejemplo, en mi segundo año como sardinero, nuestro día grande, el sábado, que estás lleno de emoción y ganas, estaba lloviendo y me escurrí. Me quedé tal cual como una bailarina, pero era tal la ilusión que no hice caso. Cuando bajé de la carroza, tuve que ir a urgencias. Me había roto el ligamento y sólo me enteré cuando acabó todo. En cuanto a mi momento favorito, no puedo olvidar lo que mi grupo siente cuando nos acercamos a mimar al personal del departamento de oncología del Hospital Morales Meseguer con detalles o cómo mi grupo se vuelca cuando se trata de cooperar con alguna ONG infantil.

¿Tienes algún año preferido? ¿Por qué?

Pues la verdad es que no tengo un año en especial porque, para mí, son todos magníficos. Si tengo que mencionar alguno, diré que mi primer año porque, desde entonces, vivo estas fiestas desde y con el corazón. Pero sobre todo, el año en el que vi que mis hijos, que empezaron siendo hachoneros, entraron a formar parte de esta maravillosa familia.

¿Qué ha supuesto la suspensión del Entierro de la Sardina de estos dos últimos años?

La verdad es que una tristeza añadida a todas las demás que estamos aún viviendo, pero entiendo y comprendo que es lo que se tenía que hacer. Lo que tenemos es que preparar nuestra vuelta como jamás lo hemos hecho. Que veamos con nuestro regreso que ha merecido la pena el esfuerzo porque seguimos conservando a nuestros seres queridos y viendo en esos ojos infantiles la ilusión y la inocencia que un día tuvimos nosotros y que es nuestra mejor recompensa. No en vano, somos los reyes de la primavera.